España, y Galicia en particular, tienen una deuda histórica con sus emigrantes; una deuda sentimental generada a lo largo de varios siglos. Esa deuda tiene que ver, sobre todo, con el olvido de quienes nunca encontraron en sus lugares de destino la mejora de vida que anhelaban, y tuvieron que regresar a su lugar de origen decepcionados y hasta humillados, en muchos casos. Otros, tras la decepción, prefirieron permanecer en el país de acogida para no afrontar la vergüenza del fracaso.

Los que triunfaron fueron acogidos con agasajos en sus lugares de origen, tras su regreso, y los recordamos frecuentemente. Aún hay otro núcleo: los que alcanzaron el éxito y decidieron echar raíces, ellos y sus descendientes, en la tierra que los acogió.

Es una obligación moral recuperar el vínculo emocional con ellos y sus descendientes, recordarles que su sacrificio no fue baldío y expresarles nuestro agradecimiento por dar a conocer en otros países nuestras costumbres, tradiciones, historia, cultura e idioma a través de cauces muy diversos. No menos importante es el reconocimiento que merecen su esfuerzo y espíritu de superación, desarrollados en países con costumbres muy diferentes a las nuestras.

Creo que la forma idónea de materializar este homenaje sería la creación del Museo Nacional de la Emigración, orientado desde las perspectivas sociológica, antropológica, cultural, histórica, geográfica, económica y sentimental. Un museo, fundado sobre los pilares de la nostalgia y el agradecimiento, que sirviera para despertar y avivar las emociones y el recuerdo de la tierra propia y de nuestros antecesores.

Tal vez la comunidad española que tiene contraído un mayor compromiso con la emigración, es Galicia. No olvidemos que de sus puertos, especialmente desde el de A Coruña, salió el mayor contingente de emigrantes con destino a América; además, una parte importantísima de ellos eran naturales de Galicia. Los muelles del puerto de A Coruña conservan los recuerdos de entrañables y dolorosas despedidas, ilusiones, incertidumbres y dudas de quienes partían en busca de un mundo mejor.

Los más de siete millones de españoles que salieron de su tierra –casi la mitad de ellos gallegos- en los últimos 125 años, merecen el homenaje de un museo permanente que los mantenga vivos en nuestra memoria. @mundiario

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.