En el año 1991 la ONU creó el Día Internacional de las Personas Mayores y aprobó la Declaración de los Derechos de los Mayores, entre los que se contempla compartir experiencias con las personas más jóvenes, no discriminación por la edad y su participación en todos los ámbitos sociales.

Sin embargo las políticas activas de los políticos de turno han olvidado esta carta magna de los mayores y, en los últimos años, los han fulminado, prácticamente, de la política activa. Y lo han hecho, a codazos, en todos los partidos políticos jóvenes cachorros con ambición y prisa.

También desecharon su experiencia laboral y profesional, mediante la práctica de jubilaciones anticipadas masivas. España no ha sido ajena a este fenómeno contradictorio: se predica una cosa y los propios predicadores ponen en práctica la contraria.

Pero hemerotecas y webs recuerdan inexorablemente, hechos y dichos de tiempos pasados y, a través de ellas, alguien ha recordado estos días una reflexión pública de usted, señor Iglesias, hecha el año 2013, cuando empezaba a trepar al escenario, referida a Julio Anguita, al Papa Benedicto XVI y a los viejos en general.

“Mucha gente quiere resucitar a Anguita… Es que no tienen edad… habiendo gente de veintitantos y treinta y tantos años.” Y remataba su reflexión así: “Hay gente mayor que tiene que tomar el ejemplo de Ratzinger y coger un helicóptero e irse a Catelgandolfo, a la mierda o a donde quiera”.

Yo no le voy a insultar a usted, a pesar de haber proferido una afrenta despreciativa contra personas respetables, porque el insulto surge cuando no queda razón ni dialéctica.

Tampoco lo haré a pesar de que usted ha afirmado recientemente la conveniencia de “naturalizar el insulto” y que no es partidario de perseguir el insulto dirigido a personas con presencia pública, porque se trata de un principio ético perverso.

Pero aún hay algo que agrava su afirmación: ha hecho manifestaciones tan inadecuadas en la rueda de prensa posterior a un Consejo de Ministros, lo que revela la catadura moral de usted y de sus compañeros de Consejo, unos le acompañaron y otros se lo consintieron, sobre todo del Presidente del Gobierno de España.

Añadiré algo más. Usted padece, y nos hace padecer, una soberbia inmensa, una megalomanía patológica que le impide escuchar con humildad y admitir alguna de las muchas críticas que recibe. Habla como si estuviera en posesión de la verdad absoluta. Usted, que se refiere a su abuelo paterno con lágrimas en los ojos, debería repasar sus palabras, que una vez más le recuerdo: “Ahora se me nubla la vista cuando veo a tantos jóvenes y no jóvenes arrogantes y en posesión de la verdad -su verdad- de ambiciones personales.”

Finalmente, señor Iglesias, no confunda, obcecado por su altanería, la crítica con el insulto. La crítica tiene un sentido constructivo y positivo y puede conducirnos a reconocer errores y posturas equivocadas, para rectificar; el insulto revela incapacidad para el razonamiento y el diálogo.

Usted, que ha insultado a todos los mayores, al invitarles a que se vayan a la mierda, debería pedirnos perdón, si es que entre el polvo del arcón de sus valores y principios de vida, que tendrá en el desván de su casa, hay un resto de humildad. @mundiario

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.