En Bisjueces amanece el día lluvioso, con buena temperatura, y fuerte viento, enemigo temido por los “bicigrinos”. La casa rural Torre de Bisjueces nos despide con un variado y abundante desayuno, servido por Raquel, a quien agradecemos sus atenciones y felicitamos por el coqueto hotel rural que regenta junto a su esposo. Le calificamos todos entre primero y segundo de los que hemos utilizado. Lo recomendamos.

Queremos confirmar la leyenda, o historia, de los bisjueces, y visitamos la iglesia. En su magnífico pórtico cubierto, en cada uno de los laterales de la puerta de entrada se encuentra dignamente sentado un bisjuez, debajo del alto relieve aparece una leyenda que incluye sus nombres. Las fotos que tomamos dan fe de lo que digo. Cuando terminemos ese periplo, colgaré un álbum en el que el lector podrá comprobarlo.

Iniciamos la ruta del románico de Las Merindades -norte de la provincia de Burgos colindante con las comunidades autónomas de Cantabria, Vizcaya, Álava y resto de la provincia de Burgos. Hacemos una primera parada en el Monasterio de Santa María de Ríoseco, ubicado en el valle de Manzanedo, por el que discurre el río Ebro – en ese lugar aventajado aprendiz de río, Parque Naural de los Cañones del Ebro. Data del siglo XIII, y fue fundado por los monjes blancos, los cistercienses. Estaba compuesto de hospital, hospedería, iglesia y convento, con todas sus dependencias anexas –silo, aljibe, cuadras, etc. En la actualidad se encuentra en proceso de rehabilitación.

Muy cerca del monasterio, en el mismo valle, hacemos otra parada para conocer una de los muchos eremitorios de la zona, excavados en la roca de arenisca. Se trata del Eremitorio de San Pedro, conocido popularmente como Cueva de los gitanos. Su origen se remonta a los siglos IX-X. Tiene forma de una pequeña capilla, con planta de crucero, altar, bóveda y dos sepulturas antropomorfas. En la localidad de Manzanedo existe otra, conocida como las Cuevas del Moro.

A partir de aquí los bicigrinos siguen su ruta, más larga que la mía. Me detengo en la localidad de Cornezuelo, constituida por una sola calle, en la que destaca la armonía de la construcción de sus casas, todas de piedra y con una balconada de madera en el primer piso; tal vez por eso es tierra de la que salieron muchos canteros. La joya de este pequeño pueblo, tan pequeño que en invierno sólo lo habitan de forma permanente dos personas, es la iglesia de San Miguel Arcángel, construída en el siglo XII. Tiene la originalidad de que todos los canecillos están decorados con motivos obscenos. El interior es magnífico; pude visitarlo gracias a la cortesía de Josefa, la custodia de las llaves, quien, además iluminó el templo y me dio su teléfono para avisarla con tiempo en posteriores visitas. Las fotos darán fe de la hermosura de esta pequeña iglesia, a pesar de la escasa habilidad del fotógrafo.

Una vez más me ha sorprendido lo recóndito y aislado de estos monasterios e iglesias, que si hoy lo siguen siendo, imagine el lector cómo encontrarlos hace ocho o diez siglos. Sólo hay una explicación: la voluntaria búsqueda del aislamiento y el silencio, para evitar la disipación de los monjes en su búsqueda de Dios.

Quise adentrarme en el Desfiladero de los Tornos, pero la falta de tiempo hizo que tuviera que conformarme con ver su comienzo.

Me recomendaron fervientemente que no dejara de acercarme a Las Cuevas de Ojo Guareña y a la ermita de San Bernabé, en el mismo lugar. A pesar de la tortuosa carretera, los km. recorridos y la soledad de la zona, el tiempo invertido mereció la pena.
El complejo kárstico de Ojo Guareña consta de 14 cavidades en la roca, con más de 110 km. de galerías, además de las que quedan sin explorar por estar anegadas de agua. Su origen, según los expertos, se remonta a un millón de años. Se encuentra ubicado en territorio del municipio de Espinosa de los Monteros. En una de estas cuevas se encuentra la ermita de San Bartolomé, imposible de describir con palabras. Lector, candidato a peregrino por el románico de Las Merindades, tendrás que esperar a ver las fotos del álbum y seguro que te animarás a hacer una visita exclusiva a esta zona, con tiempo suficiente para recorrer sus senderos y contemplar alguna de estas cuevas, por ejemplo la de San Bernabé y la Palomera.

Y desde Ojo Guareña a Arija, ante una de las playas que hay en el pantano del Ebro, a esperar a los bicigrinos.

Un total de 68,4 km, 70 % por carretera y el resto por caminos; desnivel total acumulado superado 1.200 metros y siete horas sobre el sillín.

Mañana más: de Arija a Cervera de Pisuerga. Buenas noches.

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.