Hércules Iglesias ha interrumpido brevemente sus múltiples tareas, ya se sabe, “derechos sociales y Agenda 2030”, y, como “demócrata” nos da algunas lecciones: “Puigdemont es un exiliado… se ha jodido la vida para siempre por sus ideas políticas”; “el emérito Juan Carlos, un fugado”. Ahí queda. El revuelo ha sido general, incluso entre sus coaligados y sus conmilitones. Su acólito Echenique ha dado por terminada la polémica, calificándola con esta fina expresión: “gilipollez invent”.

Quiero recordar a ambos que exiliarse es “expatriarse, generalmente por motivos políticos”, pero el señor Puigdemont es un fugitivo de la justicia, porque se escondió de ella en el maletero de un coche y huyó tras ser acusado de delito por subvertir el orden establecido; un orden, el constitucional, con más de 40 años de implantación, internacionalmente reconocido y votado de forma entusiasta por los españoles, y por los catalanes un poco más, incluso.

En cuanto al Rey emérito, no está procesado, a diferencia de Puigdemont. ¡Ah, no se olviden de Company, que durante la República y por delito similar, fue condenado junto con su gobierno.

Dice usted que “Puigdemont se ha jodido la vida para siempre por sus ideas políticas”, sin embargo, su admirado abuelo fue, según su apología, “Un ejemplo de compromiso de alguien que se lo jugó todo por tener un país mejor”, y por eso se quedó en España a la sombra del régimen, añado yo.

Le recordaré los hechos, porque se ve que no ha leído el ejemplar de mi libro sobre el abuelo Iglesias y otros, que le envié al Congreso de los Diputados hace exactamente ahora dos años; tampoco me dio las gracias, por cierto.

Su abuelo se lo jugó todo, pero a la carta de Franco, pues en su escrito de petición de indulto afirmó que dos meses antes de terminar la guerra, le ofrecieron un pasaporte para abandonar España con destino a Orán, y lo rechazó de forma contundente junto con otros jóvenes que recibieron la misma propuesta, ante la perspectiva de poder participar “… en la labor ingente de reconstruir a España.”

Y por si no quedaba clara su postura de pleitesía ante “V.E. Señor de España y Enviado de Dios…”(naturalmente refiriéndose a Franco), continuaba: “Quiero colaborar con mi pobre persona en su Obra Eterna; no quiero morir por una causa anti-española, y por ende, anticristiana;…; necesito, como Raimundo Lulio, lavar en el martirio por la causa santa y justa –la de Franco- el delito de una juventud a la que se engañó miserablemente en la Universidad de Sevilla.”

Escrito y firmado por Manuel Iglesias Ramírez.

Tampoco leerá estas líneas, pero siento la necesidad de escribirlas. Debería ser más prudente y comedido, respetuoso con la verdad, tolerante con sus adversarios, menos agrio en sus palabras y en sus gestos –ese ceño siempre fruncido le pasará muy pronto factura estética-, menos contradictorio –porque declararse demócrata, admitir el derecho a decidir y afirmar que en España hay presos políticos, son conceptos incompatibles entre si; no le vendría mal, tampoco, ser categórico en su adhesión a la unidad de la España de hoy, no a la “una, grande y libre” en la que medró su abuelo.

Y termino, señor Iglesias: estoy en profundo desacuerdo con sus ideas, pero en modo alguno comparto los insultos miserables, zafios y poco prácticos, que muchos le dirigen. La habilidad en el uso de la palabra y los argumentos deben ser suficientes para rechazar sus actos y su forma de pensar. @mundiario

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.