a poesía satírica de finales entre finales del s. XIX y principios del s. XX contempló el Desastre del 98 con espíritu crítico y humor.
En algunos aspectos la España de hoy se parece a la hace 125 años: desafección política; caciquismo de entones, corrupción y conseguidores hoy; grave situación del sector primario, hoy por la competencia desleal de importaciones; independencia real de los tres poderes; pérdidas territoriales en 1898 y tensión secesionista de Cataluña y riesgos sobre Ceuta y Melilla, hoy; verborrea vacua y poco realista de una gran parte de la clase política…
El descontento social se expresaba en publicaciones satíricas como el Papa Moscas:
Urge que España practique
este lema de mi escudo:
más hacer, menos palique…
Y… ¡abajo un tipo!, el cacique,
y una ley, la del embudo.
El “palique” de hoy: “pondremos en marcha un plan de choque”, “gobernaremos para todos”, “acabaremos con los privilegios de unos pocos”, “devolveremos las instituciones al pueblo” …
En cuanto al “más hacer”, lo hemos visto a lo largo de los ocho últimos años, por no ir más atrás: los problemas que preocupan cada día a la inmensa mayoría de los españoles siguen presentes: vivienda; inmigración; desvirtuación de las instituciones; comisionistas disfrazados de “consultores” corruptos; desidia en lo público y en lo privado; enfrentamiento social y político…
¡Y la “ley del embudo”!, forma popular de referirse a la hipocresía; doble vara de medir, candil en la calle y oscuridad en la casa; haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago; doble rasero… Estas expresiones serían aplicables plenamente al “caso Mínguez”.
Al conocerse la actividad empresarial inmobiliaria de su pareja, ha dicho cosas como: “Se trata de una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple la legalidad”; “Si hay un inquilino que no paga, se le desahucia”; “Como gran tenedor, cumple impuestos de donaciones y cumple la ley de la vivienda”; “Hay una coherencia total entre mi labor y la actividad lícita de mi pareja”; “Nunca he votado a favor de los intereses de mi pareja”.
No hay un ataque a su persona, se trata, sencillamente, de una cuestión de comportamiento, de valores y principios de vida, aplicables tanto a la actividad política, empresarial o al ámbito personal.
Usted, sin olvidar a sus compis, cuando el día 2 de octubre defendió en el Congreso de los Diputados la Ley de Vivienda, hizo una afirmación que deja sus vergüenzas al descubierto:
“Vamos a ser claros, caretas fuera. Porque aquí de lo que se trata es de fondos buitre o de familias, de la especulación o de apoyar a la mayoría social”.
Con la información conocida, se le ha caído la careta; su tajante afirmación y su inconsistente defensa no precisan aclaraciones.
Una vez más, la doble moral: como el propósito de abolir la prostitución y los escándalos en el partido; la regeneración ética y los casos de corrupción; la política migratoria; la ley del “sólo sí es sí” y la protección a las víctimas; romper las cuotas de paridad a favor del sexo femenino; la “autodeterminación del género”; los casos internos de acoso sexual…
Se ha tenido que ir, por ese aspecto de sepulcro blanqueado que ha escogido para su vida; por una hipocresía palmaria escenificada en la tribuna del Congreso, “la casa de la palabra” y por la incoherencia entre su vida personal y su vida política.
El “caso Mínguez” es otro triste ejemplo de la forma torticera, interesada y oportunista con la que el Gobierno ha tratado el grave problema de la vivienda, tras ocho años sin hacer nada práctico para resolverlo. Algo más: se ha utilizado para que los sindicatos, mansos y adocenados durante esos ocho años, inciten a la huelga general, a ocupar las calles, al desorden. Más hipocresía.


0 comentarios