La tendencia demográfica en los países con un mayor nivel de vida es claramente decreciente; fenómeno especialmente relevante en Europa y, en particular en España.
Este hecho tiene importantes consecuencias económicas, sociales y en cuanto a la inmigración y las diversas consecuencias de ésta. Pero, ¿por qué en España la tasa de nacimientos es tan baja?
Las primeras causas que suelen aducirse son la carga económica y la dificultad para conciliar el trabajo de los padres con la atención a los hijos. En este sentido, en los últimos años, se han ido adoptando importantes medidas, entre ellas, ayudas económicas y fiscales, ampliación de la duración de las bajas por maternidad, posibilidad de adaptación de la jornada laboral, guarderías infantiles gratuitas, etc. Sin embargo, tal vez siga siendo necesario seguir implementando medidas en esta línea.
Lo que sigue no es más que una apreciación personal basada en la observación y en la lectura. Creo hay al menos otras dos razones que influyen con una fuerza decisiva en el bajo nivel de nacimientos.
Parejas jóvenes, con trabajos bien remunerados y estables, no están dispuestas a asumir la responsabilidad de tener hijos y educarlos en el medio social actual, que tanta influencia tiene en la adquisición de hábitos por niños y adolescentes, ni tampoco las consecuencias de sus posibles comportamientos indeseados.
En otros casos, las parejas no están dispuestas a renunciar a un estilo de vida basado en el consumo, el entretenimiento y la libertad, dada la sujeción derivada de la paternidad, al menos en los primeros años.
En el primer supuesto, el de los que quieren y pasan fatigas para sacar adelante la familia que han creado, el Estado podría aún hacer algo más para moderar la caída de los nacimientos.
En los otros dos supuestos, basados ambos en la decisión de las parejas, tras la correspondiente reflexión, creo que la posibilidad de modificarla es una utopía. Tendría que producirse una transformación radical en los comportamientos individuales y sociales, para que desaparecieran, de una parte, ese temor responsable a la paternidad al que me he referido, y, de otra, el concebir la vida sólo en términos de poseer y disfrutar – lo que podría calificarse de individualismo egoísta.
La consecuencia de lo dicho hasta aquí, sería que habríamos de fiar el crecimiento de los nacimientos a los extranjeros residentes –casi siete millones-, la mayoría jóvenes.
Así pues, nos debatimos entre más gasto social para incentivar los nacimientos, una utópica transformación de estilo de vida y la necesidad de aceptar la inmigración como solución.
Y para que la inmigración sea solución y no un problema, es perentorio alcanzar un pacto de Estado que permita asegurar su control ordenado, en función de las necesidades de España. De no ser así, tendremos que afrontar las consecuencias, numerosas y problemáticas.


David, magnífico análisis y buen» enfoque» de las causas, que nos están llevando hacia una carencia de natalidad ,que nos perjudica de una manera exponencial .
Y…por desgracia,España, últimamente se coloca en los extremos peores.
Enhorabuena por el análisis.
Abrazo. Jesus