A partir de la Transición, la publicidad de los partidos políticos ha tenido un importante protagonismo para captar el interés del votante. Recordemos, entre otras, las canciones “Libertad sin ira”,” Esta camisa blanca de mi esperanza, “Habla pueblo habla”.
Hubo carteles electorales muy llamativos, el del PSOE del año 1977, estilo infantil, un arco iris, árboles, flores, pájaros, colores muy vivos y el lema Socialismo en libertad.
Los lemas tienen visibilidad en la calle, mítines, propaganda, televisión, redes sociales, …; resulta fácil su lectura; son escuetos, llamativos y con pretensión de una originalidad no siempre lograda.
Llama la atención su frecuente ambigüedad, para no comprometerse e intentar que pueda entenderse una cosa y la contraria, y, sobre todo, el simplismo de mensajes de contenido emocional que, con frecuencia, pueden inducir al equívoco o a la duda razonable.
El ejemplo más actual de lema ambiguo, pero con pretensiones de claridad y contundencia, es el No a la guerra lanzado por el PSOE para expresar su opinión sobre la guerra del Golfo Pérsico.
¿Quién puede estar a favor de la guerra y de lo que significa?: destrucción, sufrimiento, muerte, desplazamientos de población, pobreza, ingente gasto, consecuencias económicas y políticas en todo el mundo, …
Ahora bien, en el caso que nos ocupa, habría que preguntar a quienes llevan las pancartas del No a la guerra, Paz y otras similares, dónde estaban cuando en Irán se disparaba contra manifestantes que pedían democracia y libertad; condenaba a muerte a mujeres por no cumplir con la exigencia civil, no coránica, de vestir de una determinada manera; se considera delito la homosexualidad; existe una fuerte desigualdad de derechos entre la mujer y el varón; se trata de un régimen teócrata, en el que el líder supremo religioso y los clérigos supervisan la adaptación de la convivencia a las normas del Corán; ¿qué piensan los del No a la guerra de la simbiosis entre religión y poder político?
No acompañaron, callaron y miraron para otro lado hipócritamente mientras sucedía todo lo que ellos rechazan con palabras y discursos.
Pero el trasfondo de los hechos no siempre es blanco o negro, justo o injusto, real o ficticio, verdad o mentira; las relaciones entre personas, familias, amigos, naciones, son una paleta de colores que se suceden en el tiempo y en cada momento reflejan actitudes, afinidades, desacuerdos, intereses, motivaciones diferentes.
En Venezuela, Trump justificó la acción para acabar con el narcotráfico; después habló de la explotación del petróleo y ahora se habla de explotar la minería y, concretamente, la del oro.
Hace menos de un año, el ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán fue un éxito completo según Trump, porque destruyeron sus instalaciones nucleares. ¿Por qué, nueve meses después se repite la acción? ¿Qué pretenden ahora: acabar con el régimen teocrático y todo lo que significa o controlar la producción de petróleo?
La hipocresía se cierne sobre el mundo: China y Rusia, ven, callan y actúan; UE y OTAN, divididas; Israel lucha por su supervivencia; EE UU quiere controlar el mercado del petróleo y el mundo.
Pedro Sánchez, en un ejercicio de hipócrita y mezquino pragmatismo, levanta la pancarta del No a la guerra– aprovechando el interés de sus conmilitones y la buena fe de quien sólo lee las cuatro palabras- con el propósito de calentar el ambiente para unas posibles elecciones generales anticipadas, si cree que pueden resultarle favorables. @mundiario


Cuanta razón, objetividad y verdad hay en estas letras que le has dedicado a esta escalada belicista en el oriente próximo. Las frases simplistas como el «No a la guerra» son un claro exponente de la manipulación a que nos somete este gobierno que estamos sufriendo en nuestro país.