Se atribuye a Abraham Lincoln la frase «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».
En España parece que es posible engañar a muchos durante mucho tiempo. Ahí está Pedro Sánchez y sus coristas de cada momento —porque se van renovando y todos tienen el mismo vicio—.
Zapatero afirmó que Sánchez no mentía, sino que cambiaba de opinión —en este mismo sentido se han expresado Félix Bolaños, María Jesús Montero, Pilar Alegría, Isabel Rodríguez, Carmen Calvo…— en función de los intereses del país.
Y añadió el adalid de «con la Z» que mentir es un juicio de valor, una evaluación subjetiva.
Los españoles admitiríamos los cambios de opinión por el bien de España; la cuestión es que, cuando ustedes dan esa razón, nosotros no nos lo creemos.
Pues bien, señor Zapatero, millones de españoles han formulado ese juicio de valor sobre Sánchez y sus coristas.
Por otra parte, tras afirmar usted, con su mirada de visionario dirigida al infinito y su sonrisa hipócrita, que «Ser socialista es, normalmente, tener poco y estar dispuesto a dar mucho», y ver todos los españoles el contenido de su caja fuerte: ¿qué debemos pensar?, ¿que ha cambiado de opinión, que mintió o que es usted un hipócrita?
Vamos al grano, a algunos de los cambios de opinión, mentiras, juicios de valor o como los quieran llamar, de Sánchez:
Llegaron a hacerse muy populares «Nunca pactaré con Podemos», «Nunca pactaré con Bildu».
«Los condenados por el TS por el referéndum ilegal y la declaración de independencia cumplirán íntegramente sus penas». Y llegaron los indultos, la amnistía (que no cabía en la Constitución, según usted y sus adláteres), la supresión del delito de sedición (después de repetir que los procesados habían incurrido en los delitos de sedición y rebelión).
En 2019 prometió durante la campaña electoral reformar el Código Penal para introducir el delito de convocatoria de referéndum ilegal con penas de cárcel y defendió el endurecimiento de los delitos por corrupción (pero rebajó las penas por malversación).
La línea oficial del PSOE en relación con el Sáhara Occidental fue defender la línea del cumplimiento de las resoluciones de la ONU, que abogaban por un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui. Sin consultar al Gobierno, al ministro de AA. EE., a las Cortes, a la oposición, se lo entregó a Marruecos en el año 2022 como lo haría un sátrapa: todavía no ha dado explicaciones.
Espetó a Rajoy: «Un Gobierno sin presupuestos es un Gobierno que no gobierna nada… Un presidente sin presupuestos debe convocar elecciones». Y en los ocho años que lleva en el Gobierno ha aprobado tres.
La cacareada fiscalidad extraordinaria a la banca y las energéticas se dulcificó de forma exprés.
En la etapa de aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña (2017) y durante la campaña electoral de 2019, defendió una visión estrictamente constitucionalista de la soberanía nacional española unificada. A partir del año 2023, tras el acuerdo de investidura, pasó a hablar de España como un «Estado plurinacional». Pasó de considerar la situación de Cataluña como una cuestión de legalidad a ser un tema de convivencia.
Señor Sánchez, aun admitiendo que lo suyo han sido cambios de opinión —no digo por el bien de España, porque no me parece cierto, sino por mantenerse en el poder para defenderse usted, su familia y su partido—, le recuerdo la frase de un socialista que, aunque ahora no forma parte de su coro, dijo una gran verdad: «Rectificar es de sabios, pero tener que hacerlo a diario es de necios». @mundiario


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