Me he reencontrado con un viejo amigo, Don Alonso Quijano El Bueno, tras la “relectura”, ya en la vejez, pausada, reflexiva, madura, de Don Quijote de La Mancha. He realizado un recorrido íntimo, analítico y emotivo por los personajes, los valores que contiene, sus enseñanzas y lenguaje.
He constatado su universalidad y vigencia, cinco siglos después de haber sido escrita; la importancia del sentido común, otros hablan de intuición, para andar por la vida; he disfrutado con las ocurrencias del Caballero y de su escudero, de sus discusiones, consejos recíprocos, aventuras, enfados, regañinas, sabiduría, ingenio, lenguaje…
Don Alonso, solterón, “… hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos… que frisaba la edad de los cincuenta años, hastiado de su vida oscura en un poblachón manchego, con el único entretenimiento de sus libros de caballería, decidió un buen día vivir las aventuras leídas y conocer el mundo de su época.
Dejó la rienda suelta a su cabalgadura para que decidiera qué camino tomar. Y percibió que gran parte de lo que veía no le gustaba: injusticias, soberbia, ignorancia, hipocresía, banalidades, egoísmo… y quiso cambiar el mundo: se comprometió con la vida porque creyó que merecía la pena.
Sus asombrosas aventuras permanecen en nuestro recuerdo y nos muestran dos actitudes ante la vida, perfectamente definidas: idealismo y realismo.
Sin embargo, encontramos otras dualidades de indudable interés, tales como locura-cordura, alegría-tristeza, burla-compasión, grandilocuencia-sencillez, sabiduría-ignorancia, humor-seriedad, vanidad-humildad, amor-desamor, egoísmo-altruismo,…, todos ellos sentimientos universales que trascienden el tiempo.
Pero quien cabalgó por La Mancha no fue solamente Don Quijote, siempre idealista, pendenciero y extravagante en ocasiones, enamorado de una quimera, fantasioso, objeto de burlas … también encontramos a lomos de Rocinante al propio Don Alonso Quijano, que muestra su cordura, cultura, elocuencia, buen consejo, honradez, sabiduría, respetabilidad… y nos muestra valores y principios de vida, como dignidad, honor, honradez, defensa de las creencias propias, lealtad, misericordia, generosidad, esfuerzo, perseverancia, ahínco…
No siempre cabalga la locura, también la cordura lo hace a lomos de Rocinante: a lo largo de la obra, Cervantes nos muestra la doble personalidad del protagonista.
¿Cómo definir al Caballero? Él mismo, replicando a Sancho cuando pretende apartarle de sus fantasías, afirma: “Yo imagino que todo lo que digo es así, como quiero que sea.” Esta frase lapidaria podría ser la máxima abstracción del personaje.
Sancho decía, a su manera, que era un entrometido: “No hay cosa donde no pique ni deje de meter su cuchara.”
Maese Pedro lo definió como “Ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de los caídos, báculo y consuelo de todos los desdichados.”
El Caballero del Verde Gabán dudaba entre “…un cuerdo loco o un loco que tiraba del cuerdo.”
Ya en el lecho de muerto, Don Alonso lo dijo con claridad:“…fui loco y ya soy cuerdo”.
Como me sucedió al asistir a la representación teatral de El Hombre de La Mancha, he vuelto a sentirme orgulloso de ser español. Comparto con los lectores estas tardías reflexiones sobre la obra, aquí.(descarga gratuita). @mundiario


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