Los “funerales en vida” evidencian el descontento interior del ser humano
20 noviembre 2025
Mundiario
La lectura de “La vida feliz” – David Foenkinos- sorprende e invita a la reflexión personal. Nunca había oído hablar en los “funerales en vida”, que surgieron en un país como Corea del Sur, con un alto índice de suicidios – en 2024, 29 por cada 100.000 habitantes-, explicados por la presión económica, laboral y social, por la competitividad y la soledad, entre otras causas.
Consiste en el sometimiento voluntario, contratado con una empresa especializada, a un ritual que emula al velatorio: sala en penumbra; fotografía del “difunto” encabezando el ataúd, con indicación del nombre y las fechas de nacimiento y día de la ceremonia; formulación de testamento ficticio y declaración escrita dirigida a sus deudos y amigos acerca de sus sentimientos personales, trayectoria vital, errores, comportamientos, temores, etc.
El ceremonial culmina cuando el “difunto” entra en el ataúd y cierran la tapa, donde permanecerá durante el tiempo que haya contratado. Eric, el protagonista de la novela “La vida feliz”, terminó la experiencia dispuesto a revolucionar su vida… y lo consiguió.
Una terapia emocional alternativa para el malestar personal, mediante el reconocimiento de errores, actitudes o comportamientos propios, conflictos de la infancia…
Habrá quien considere tétrica la experiencia, dejemos a un lado la escenificación y pensemos que la idea tiene un sentido terapéutico orientado a reiniciar la vida de quienes tienen ansiedad, depresión o necesitan respuestas sobre su malestar existencial.
La idea que late en la esta experiencia es la necesidad que tenemos en algún momento de nuestra vida, de detenernos a pensar en aquello que nos produce descontento, zozobra, inquietud, inseguridad… para “enterrarlo” y transformar nuestra existencia.
Para ser fuertes hay que quererse a uno mismo, y para amarse a uno mismo hay que conocerse y aceptarse. Lo mismo sucede para querer y servir a los demás. Difícilmente podremos querernos y ayudar si no nos encontramos bien con nosotros.
Cometer errores es algo natural, pero morirse sin haberlos comprendido, y, por lo tanto, sin haberlos admitido, nos conduciría inexorablemente a la conclusión de que la vida ha sido un fracaso.
Tras reconocer los errores y las actitudes improcedentes, la terapia de las lágrimas será un alivio, porque las lágrimas que no brotan cubren el corazón con una costra y lo endurecen.
El filósofo Sigmunt Bauman afirma que “Hay muchas formas de ser feliz, pero en la sociedad actual todas pasan por una tienda.” Esta es la realidad, que, en el fondo del alma, apesadumbra a cualquiera, al comprobar que el consumismo siempre nos deja con ganas de más.
La primera revolución debe llevarse a cabo en el interior de la persona, empezando por conocerse, aceptarse, modificar actitudes inadecuadas, reconocer errores y convertirlos en brújula de nuestra vida futura.
Reconstruir relaciones, perdonando y siendo perdonados, para alcanzar paz interior, es otra idea fuerte.
Hay que abandonar el argumento frecuente de que los males que nos suceden proceden siempre del exterior: es necesario tener el coraje de admitir la parte de responsabilidad que nos corresponde.
El cariño hacia las personas no se puede improvisar, no podemos amar a voluntad, hay que aprender. ¡Cuántas veces nos sentimos decepcionados porque no nos quieren, o no los expresan, como a nosotros nos gustaría!
Al vislumbrar la vejez en el horizonte, nos vendrá bien soltar lastre: el qué dirán, los compromisos y convencionalismos sociales, el vértigo diario… pero hay que seguir intentando no apartarse de lo que se quiere ser.
En definitiva, enterrar simbólicamente el pasado condicionante y reflexionar, en busca de la paz dentro de nosotros y en nuestro entorno. @mundiario
Alfonso García
Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.
0 comentarios