Los retos de la agricultura y la ganadería gallegas son muy parecidos a los de España: explotaciones pequeñas; elevada edad media de los titulares; relevo generacional en peligro; competencia de otros países, cuyos controles de producción y calidad son menos exigentes; escasez de agua; poder de las grandes cadenas de distribución; adaptación a la innovación y tecnificación; profesionalización de las explotaciones más pequeñas; disminución del número de trabajadores y reducción del número de explotaciones, entre otros.
Algunos de ellos son especialmente preocupantes en Galicia, pero tenemos problemas específicos. Entre los primeros, citemos el tamaño de las explotaciones, el relevo generacional y un insuficiente nivel de tecnificación y profesionalización.
Entre los específicos, la necesidad de profundizar en el enfoque empresarial de las explotaciones ganaderas; promoción de la especialización en ámbitos como producción ecológica, hortalizas, miel, castañas, vino, aprovechamiento forestal noble, derivados de la leche… favorecer la inversión; extensión de la formación profesional para facilitar el relevo generacional e, incluso, integrar a los inmigrantes; mejora de los cauces de comercialización;…
Pese a los retos pendientes, si comparamos la situación del sector agroganadero cuando se produjo la incorporación de Espña a la CEE, con la actual, observamos que la transformación ha sido notable.
Las Escuelas Familiares Agrarias -hoy Centros de Promoción Rural- vienen desarrollando una labor que puede calificarse de pionera, en el ámbito de la formación profesional en el sector.
Nacieron en España en el año 1967 como una iniciativa social, tomando como modelo Les Maisons Familiales Rurales francesas.
El Centro de Promoción Rural-EFA Fonteboa (Coristanco, La Coruña) abrió sus puertas en el año 1975 y le siguieron las de A Cancela (As Neves, Pontevedra) y Piñeiral (Arzúa, La Coruña). Hace unos días Fonteboa celebraba en Santiago de Compostela su 50º aniversario, coincidiendo con el final del curso 2024-2025.
Su objetivo consiste en colaborar en la transformación del medio rural a través de la formación de las personas, en los ámbitos de desarrollo económico, cohesión social, fijación de la población en sus lugares de origen y favorecimiento del relevo profesional para atenuar el proceso de desaparición de explotaciones.
Fonteboa cuenta con dos niveles educativos, ESO y Formación Profesional. La educación se basa, además de la enseñanza en el aula, en la atención personalizada, estrecho contacto con las familias de los alumnos, compromiso del profesorado con el espíritu del centro, prácticas en explotaciones agropecuarias, visitas a empresas relacionadas con el sector, conferencias de invitados, fortalecimiento de los principios de vida… para procurar una formación integral.
Una faceta fundamental son las estancias profesionales de los alumnos en explotaciones agropecuarias de Galicia, Francia (Bretaña, La Loire, Normandía y Aquitania), Irlanda e Italia, mediante intercambio, con duración de entre uno y tres meses y tuteladas por los profesores. Esta experiencia les permitirá completar un doble conocimiento, el técnico y el empresarial, fundamentales para asumir la responsabilidad de la dirección de las explotaciones familiares y ser actores de la dinamización del medio rural.
En suma, se trata de una iniciativa social muy poco conocida en el mundo urbano, que viene colaborando desde hace 50 años en la dignificación de quienes trabajan en el sector agropecuario, por la vía de la formación y la modernización. @mundiario


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