La entrega de los premios Goya suele ser ocasión, nunca desaprovechada por los asistentes, para expresar su opinión sobre cualquier tema, tenga o no que ver con el cine, cuando tienen un micrófono delante.
Este año podríamos hablar de las opiniones de la actriz americana Susan Sarandon, magnífica y admirada; pero mi interés va por otro lado: Silvia Abril, presentadora, humorista y actriz, que dijo:
“Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Iba a decir lo místico, pero es que no es lo místico. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado”.
Vayamos por partes. Usted puede negarse a lo que quiera y la juventud puede ser atea, agnóstica, pasota y, naturalmente, también cristiana con convicciones.
La juventud cristiana “tira” a lo cristiano porque quiere vivir conforme a las enseñanzas de Cristo, Jesús, contenidas en el Evangelio.
Permítame recordarle algunos valores del cristianismo, extraídos del Evangelio, un texto sencillo al alcance de todos: amor, caridad, austeridad, autenticidad, compartir, compasión, esperanza, coraje, entrega, fortaleza, humildad, justicia, fidelidad, libertad, perdón, concordia, prudencia….
También ilustra sobre antivalores permanentes y universales: ambición, soberbia, calumnia, codicia, desprecio, escándalo, hipocresía, cólera, injustica, incoherencia, mentira, vanidad.
¿Cree usted que alguien puede estar en contra de estos valores y anti valores, sea ateo, agnóstico, creyente, joven, viejo, mujer, hombre, de aquí o de allí, incluso usted? Tal vez merece la pena que reflexione sobre ello.
El Evangelio contiene enseñanzas válidas para todos los seres humanos de buena voluntad: el cristiano las acepta porque proceden de Jesús, el Hijo de Dios; un no cristiano las considerará valores éticos que facilitan la convivencia entre los seres humanos y la paz personal. ¿Cómo lo ve?
Sigamos. “Me da pena que necesiten creer en algo…”. Desde que existe, el ser humano ha sentido la necesidad de creer en algo o en alguien superior a él, es una realidad histórica, social y antropológica. Hoy, unos creen en adivinos, echadores de cartas, gurús, videntes… cuya preparación intelectual se puede poner en duda en muchos casos y que, además, cobran por lo que cuentan. Otros, creen todo lo que les dicen en las redes sociales personas desconocidas, en muchos casos anónimas, de cuya veracidad no dudan, máxime si se trata de “influencers” con multitud de seguidores. También hay agnósticos y ateos. El cristiano, cree en Dios, Cristo, Jesús, el del Evangelio: ¿por qué se nos desprecia?
Y termina su exposición con “Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado.” ¿Qué institución conoce usted que perdure 20 siglos? En el mundo hay en torno a 2.600 millones de cristianos, de los cuales, 1.250 millones son católicos, 1.100 millones protestantes y 250.000 ortodoxos y otros.
La Iglesia, que usted califica de chiringuito, ha desarrollado a lo largo de los siglos su labor de difusión del Evangelio y, además, ha tenido y sigue teniendo una actividad importante en otros ámbitos, entre ellos el social, basta leer los informes anuales de Caritas y las memorias de las numerosas asociaciones benéficas confesionales.
Me apresuro a decir que la estructura de la Iglesia -católica, protestante, ortodoxa… – está formada por seres humanos y, como en todas las instituciones o colectivos, puede haber comportamientos perversos, los ha habido, desgraciadamente, pero la maldad de unos pocos no puede servir para desprestigiar el conjunto.
Defendamos la libertad de expresión ejercida con conocimiento, reflexión y respeto. @mundiario


Gracias por una defensa tan bien argumentada, de lo que supone el cristianismo y su trascendencia, para entender los valores que millones de seres humanos defendemos hoy en día.