El complejo sistema del Estado de las autonomías genera numerosas disfunciones, en forma de choque y superposición de competencias difíciles de delimitar o atribuir, sobre todo ante circunstancias anormales en las que la gestión depende de diferentes niveles de la Administración.
Recordemos: covid-19, volcán de La Palma, dana en Valencia e incendios forestales de este verano; sin tener en cuenta las disfunciones y controversias de la gestión diaria.
En la pandemia, el Gobierno de España decidió asumir, de forma extraordinaria y temporal, competencias de las comunidades autónomas, mediante la declaración del estado de alarma en dos ocasiones: sanidad, seguridad y orden público, transportes y movilidad, educación y ámbito social y laboral, entre otras.
Las consecuencias políticas fueron muy negativas para el Gobierno: declaración de inconstitucionalidad de los dos estados de alarma y el artículo 10.6 del R.D. 465/2020 sobre actividad comercial; excesos en la limitación de derechos; falta de control parlamentario; gestión sanitaria; comunicación confusa y excesivos cambios de criterio; abuso del decreto-ley; impacto económico y social; comparación negativa en el ámbito internacional en cuanto a confinamiento y descenso del PIB; …
Las comunidades autónomas criticaron duramente la privación temporal de competencias; y el Gobierno aprendió la lección: en la próxima os espero.
Ante la dana de Valencia, el Gobierno, escaldado, decidió que cada palo aguantara su vela; es decir, que las comunidades autónomas, en la pandemia tan celosas de sus competencias, asumieran su responsabilidad y gestionaran el desastre. Cuando la situación adquirió cotas trágicas, añadió: “si necesitan algo que lo pidan”.
Con los incendios devastadores de este verano ha ocurrido algo muy parecido: gestionen sus competencias y pidan lo que les haga falta.
Con la dana y los incendios han pretendido compensar las nefastas consecuencias de la gestión de la pandemia, viendo cómo los dirigentes políticos del PP al frente de las comunidades de Galicia, Castilla-León y Madrid las pasaban moradas y acababan pidiendo ayuda.
Y en medio de esta indecente forma de hacer política, los ciudadanos que lo han perdido todo, los profesionales que combatieron contra las catástrofes, los voluntarios y los muertos y heridos.
Si se impusiera el sentido común, habría que reflexionar y hacer autocrítica sobre lo que se pudo hacer para prevenir los desastres y no se hizo, sobre la negligencia en la gestión y la falta de idoneidad técnica para el ejercicio de determinados cargos públicos servidos por políticos.
Desde mi ignorancia técnica planteo dos necesidades ineludibles: aclarar y cohonestar las competencias del Estado y de las comunidades autónomas, y, una utopía: una clase política regenerada que piense en los ciudadanos, que resuelva, que arrime el hombro, que no se enzarce en discusiones bizantinas durante los desastres, que no recurra al insulto y a la mentira para justificar su ineficacia o para sacar tajada política.
Expreso mi respetuoso recuerdo a quienes han sufrido las consecuencias de tan desgraciados sucesos, voluntarios, cuerpos de seguridad -estatales, autonómicos y municipales-, servicios de bomberos, Protección civil, UME, ejército y colaboradores enviados por otros países.
En cuanto a la clase política que no ha estado a la altura de lo exigido, les digo que merecemos semejante comportamiento, pues olvidan que, ante una situación de emergencia, lo primero es la unión para resolver, después tendrán tiempo para sacar conclusiones de lo sucedido, prevenir e, incluso, para hacerse reproches y dedicarse insultos.


Me sumo a esta brillante exposición, sobre lo que está sucediendo en nuestro país, ante las catástrofes acaecidas, y comparto totalmente que es la UNIÓN de todos los agentes implicados, sobretodo Gobiernos Central y Autonómicos, que al margen de intereses partidistas, hagan frente común para afrontar crisis semejantes.
Hola Alfonso, pienso que es un completo desastre lo que tenemos montado con las autonomías, cada Presidente mira sus intereses y si no sigue los que le dicta su Líder, esta negligencia perjudicó a mucha gente y en la DANA de Valencia se ahogaron 228 personas por la ausencia del Presidente Mazon y aquí lo tenemos mal gobernando-construyendo los destrozos que hemos sufrido los valencianos y lo que queda aún