La desmemoria nos impide recordar determinados acontecimientos de los últimos 80 años, por los que se perpetraron anexiones territoriales por la fuerza y violaciones de las normas más elementales de la convivencia internacional.
Recordemos: China: Tibet (1950-1951); India: Goa, Damán y Diu (1961); Etiopía: Eritrea (1962); Israel: Los Altos del Golán y Jerusalén Este (1967); Indonesia: Papúa Occidental y Nueva Guinea Occidental (1969) y Timor Oriental (1975); Marruecos: Sahara Occidental (1975-1979); Irak: Kuwait (1990); Rusia: Abjasia y Osetia del Sur (2008); Rusia: Crimea (2014).
Aunque estas incorporaciones no tuvieron un reconocimiento mayoritario en la comunidad internacional, se ralentizaron las protestas y se aceptaron tácitamente por la vía de los hechos consumados.
El precedente más parecido a lo sucedido en Venezuela, fue la acción militar sobre Panamá, Operación Causa Justa, emprendida por EE UU en 1989-1990, para arrestar a Manuel Noriega y trasladarlo a una prisión americana para ser juzgado por narcotráfico y otros delitos y condenado a 40 años de prisión.
La osadía de Trump, nacida de la difícil situación de la economía americana, resulta inadmisible, independientemente de las convicciones políticas del opinador, porque legitima el atropello de la soberanía de un país por la fuerza.
Sin embargo, hay otra vertiente del hecho que genera simpatías y esperanza, dadas las supuestas implicaciones del régimen de Maduro en el narcotráfico; la tiranía de su régimen dictatorial; la persecución, encarcelamiento y tortura de sus detractores; la diáspora de ocho millones de venezolanos; la ruina económica del país y el flagrante falseamiento de las últimas “elecciones”.
No debemos teorizar sobre el futuro, pero sí podemos opinar sobre el presente. Trump, en la primera parte de la rueda de prensa explicativa de la acción, la justificó por la actividad delictiva de Maduro, que exigía su procesamiento -una especie de Segunda Operación Causa Justa-; y dedicó la segunda parte a concretar el objetivo final de la acción: la explotación del petróleo venezolano durante años.
Para proteger su objetivo sobre Venezuela, incurrió en la increíble incoherencia de legitimar a Delcy Rodríguez como presidenta, pese a haber reconocido Edmundo González como presidente legítimo salido de las elecciones de 2024.
¿Permitirán Putin y Xi Jinping que se cumpla la segunda parte, o existe un acuerdo tácito de dejar hacer al otro y repartirse ciertos territorios: Ucrania para la Federación Rusa y Taiwan para China? Recordemos las riquezas de ambos países: el primero, su producción cerealista y tierras estratégicas; Taiwan, líder mundial en la producción de semiconductores y una posición geoestratégica fundamental para el comercio en el este asiático.
La pasividad internacional parece garantizada; la ONU, desprestigiada, se ha limitado a declarar que los sucesos de Venezuela suponen una violación del Derecho Internacional, constituyen un precedente peligroso y que la situación deben resolverla los ciudadanos -puso un poco de árnica en la herida, al afirmar que Maduro había cometido crímenes de lesa humanidad.
El Secretario General de la OTAN ve con buenos ojos que EE UU aumente su presencia militar en Groenlandia. La UE, como siempre, un gallinero y la OEA se reunirá para tratar el asunto cuando tenga tiempo.
Otras zonas reivindicadas por países “amigos” de los tres policías del mundo, podrían verse en peligro bajo la tolerancia de éstos.
El nuevo orden mundial surgido tras la esperanzadora paz que puso fin a la II Guerra Mundial, se tambalea. Las instituciones internacionales carecen de credibilidad; los países más poderosos no ocultan que sus principios básicos son los intereses económicos y el resto son comparsas, “tancredos”, tibios, pasivos. @mundiario


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