La prudencia no está de moda; aunque tal vez sea más exacto decir que la imprudencia invade la sociedad de hoy.
Los sinónimos de prudencia nos dan una idea muy precisa de su contenido, cada uno con sus matices: cautela, precaución, comedimiento en el comportamiento considerando previamente las consecuencias de una determinada actuación.
Su antónimo, temeridad, alude a la exposición excesiva a situaciones de riesgo, peligro o daño, sin un premeditado examen y sin medir los efectos.
La reflexión serena, el análisis de la situación, el conocimiento, la capacidad de previsión acerca de las consecuencias y el sentido de la oportunidad, el escuchar más que el hablar, están directamente vinculados a la prudencia.
También el respeto y el sentido de la responsabilidad deben ir asociados a lo que se dice, se hace o a la actitud que se adopta, para ser conscientes de las responsabilidades que se deriven de nuestro comportamiento.
Podría llegar a confundirse la prudencia, con el miedo, la cobardía, la pasividad, el cálculo egoísta o el no querer comprometerse. Don Quijote, nos ilustra con claridad sobre ello: “No huye el que se retira, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la base de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido…”.
Uno de los enemigos de la prudencia es la inmediatez, hoy y ahora, tan frecuente en la actualidad en todos los ámbitos, que nos incita a manifestar opiniones y adoptar actitudes de forma precipitada, en competencia con otros para ser los primeros. Si lleva adosada la impulsividad, las consecuencias pueden agravarse, al faltar la reflexión.
Las redes sociales, utilizadas como herramienta para opinar sobre cualquier tema, con independencia del nivel de conocimiento que se tenga, incitan a dar opiniones imprudentes, con el añadido de que pueden estar amparadas en el anonimato.
Cada día podemos percibir la imprudencia, dada la polarización de la sociedad española en tertulias de los medios de comunicación, entre amigos, familiares y, naturalmente en el ambiente político.
Sin duda, las más llamativas, por su falta de ejemplaridad y consecuencias, son las de la clase política, que suelen llevar adosadas unas buenas dosis de arrogancia y verborrea. Así, con frecuencia, vemos cambios repentinos de opinión, casi siempre sin reconocer la imprudencia cometida.
Otra consideración sobre las actitudes y discursos imprudentes de los políticos, sería cómo colaboran en acrecentar la confrontación social ya existente.
No es preciso citar ejemplos de unos y otros, de los de aquí y de los de allí, porque lo vemos cada día. A los que así se comportan, les serían de aplicación adjetivos como irreflexivos, impulsivos, temerarios… imprudentes colaboradores en la exacerbación de la confrontación en la sociedad española. @mundiario


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