na de las acepciones del término diplomacia es “conjunto de procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados”. Otros significados son cortesía aparente y también, habilidad, sagacidad, disimulo.
En la práctica, según lo que vemos en las relaciones entre Estados, los procedimientos que regulan sus relaciones, están impregnados, frecuentemente, de aparente cortesía, hipocresía, habilidad, sagacidad y disimulo. Es decir, las diferentes acepciones suelen confluir en la Diplomacia formal.
Como las relaciones entre países, obviamente, son imperfectas, se utilizan determinados procedimientos para aclarar, resolver o protestar cuando se produce un desencuentro. Un día sí y otro también, los diplomáticos se reúnen, hablan y hablan, se amenazan finamente y luego se saludan con una hipócrita corrección y otras manifestaciones de falsedad.
Entre esos procedimientos se encuentran la “llamada a consultas”; es decir la convocatoria que realiza el Ministro de Asuntos Exteriores al embajador propio en el país con el que ha surgido un conflicto, con el fin de que informe sobre la situación. Este procedimiento se utiliza en casos de extrema gravedad y urgencia.
España recurrió a él con Argentina en mayo del año 2024, cuando el ministro de Asuntos Exteriores retiró a la embajadora en Buenos Aires tras las declaraciones del presidente Javier Milei en las que calificaba de «corrupta» a la esposa de Pedro Sánchez. Recordemos otras: Nicaragua (agosto de 2021); Venezuela (abril de 2016); Siria (Febrero de 2012); Honduras (junio de 2009); Marruecos (julio de 2002; Irán (abril de 1997).
Una alternativa a la “llamada a consultas”, es la citación oficial y obligatoria que hace el Ministerio de Asuntos Exteriores al embajador de otra nación, para exigirle explicaciones inmediatas, trasladarle una protesta verbal enérgica o entregarle una nota formal de queja por las acciones o declaraciones de su gobierno. Se aplica en casos de menor gravedad.
Veamos algunas de estas convocatorias realizadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España en los últimos años: Rusia (febrero de 2022); Israel (noviembre de 2023); Irán (enero, marzo y mayo de 2026).
Situémonos en la “entrada masiva” –eufemismo hipócrita de Marlaska para eludir el uso de ocupación o invasión- de finales de julio, un hecho grave que requería una solución urgente, porque se violó la integridad territorial de España: el Ministro de Asuntos Exteriores ni llamó a consultas, como hubiera exigido la situación, al embajador de España en Marruecos, ni convocó a la embajadora de Marruecos en España.
Sin embargo, sí convocó al embajador de Italia en Madrid, por la decisión del Gobierno italiano de controlar la entrada en su territorio de personas procedentes de España.
En suma, fue más grave la medida adoptada por Italia que la invasión del territorio español. Más aún: el Gobierno de España retiró temporalmente al embajador español en Buenos Aires, cuando Milei calificó de corrupta a la esposa de Pedro Sánchez.
Es decir, según el Gobierno de España la afrenta proferida a todos los españoles ocupando parte de su territorio soberano, es menos grave que las palabras dedicadas a Begoña Gómez por Milei.
Lo último. Marruecos amenaza a España con suspender el acuerdo de extradición y añade. “Devuélvannos a los menores”.
Algún día sabremos, tenemos derecho a ello, qué oscuros motivos presiden las relaciones de este Gobierno con Marruecos, sobre todo desde el año 2021 -acogida en Logroño al líder del Frente Polisario-, que nos sitúan en situación de desigualdad con un país al que oficialmente se sigue considerando “amigo”, “leal”, “fiable” y con el que nos unen relaciones “fraternas y casi de familia.”


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