l llamado juicio de las mascarillas está dejando al descubierto el estado de descomposición de, al menos, una parte de la Administración y de la sociedad española.
Los inculpados y algunos testigos usan con frecuencia expresiones como “no recuerdo”, “no sabía”, “oí decir”, “no me reconozco”, “yo no decidía”; se desdicen de declaraciones anteriores; niegan evidencias oídas por quienes tienen oídos para escuchar; mantienen actitudes chulescas y desafiantes; teatralizan; interrumpen; gesticulan; usan términos soeces….
Se ha habla de prostitutas, azafatas y sobrinas, modelos, pagadas, supuestamente, con dinero público; pagos de viviendas, vacaciones, mordidas, presiones; se ha usado una jerga grupal ocultista… pero de las mascarillas se habla poco.
No obstante, los resúmenes de prensa y televisión están sirviendo para abrir los ojos, los oídos y la boca, de quienes todavía mantienen la actitud de los tres monos chinos: Mizaru, que no ve, Kizakaru, que no oye e Iwazaru, que no habla.
Sobre la mesa de la necropsia aparecen debilidades humanas como afán de poder, soberbia, ambición, inhibición, impunidad, hipocresía, carencia de escrúpulos, vicios…


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