Los acontecimientos políticos se suceden a tal ritmo, que los de hoy dejan a los de ayer en un rincón de la memoria.
La comparecencia de Pedro Sánchez en la Comisión de Investigación del Senado sobre el caso Koldo, ocupó mucho espacio en los medios de comunicación: quién ganó, quién perdió, si aclaró algo, memoria endeble – o interesada, uso de gafas por primera vez en público, el semblante, el tono de voz, las quijadas, etc.
Naturalmente, como siempre, hubo división de opiniones. Me causó enorme sorpresa que no se hablara más de dos de sus frases: “Esta es la Comisión de la Difamación” -desconozco si habría usado mayúsculas para escribirla, yo, sí, desde luego, por su trascendencia- y “esto es un circo” -hasta payasos profesionales opinaron sobre la mención.
Semejante expresión supone una injuria dirigida contra una institución del Estado, el Senado, y el pueblo español, que ejerce la soberanía a través de sus representantes en las Cortes Generales -Congreso de los Diputados y Senado. Una afrenta a la dignidad del pueblo español, algo verdaderamente grave, en mi opinión.
El artículo 496 del Código Penal contempla una pena de multa de 12 a 18 meses “… al que injuriare gravemente a las Cortes Generales o a una Asamblea Legislativa de Comunidad Autónoma, hallándose en sesión, o a alguna de sus Comisiones en los actos públicos en que las representen, …”
El delito de injurias consiste en insultar, humillar o desacreditar a alguien afectando su prestigio, reputación o honor. En este caso, la injuria -ultraje, ofensa, afrenta- se ha dirigido contra una Comisión del Senado, en un acto público.
Esperar que se ejerza la acción popular contra el señor Sánchez por delito de injurias contra una Comisión del Senado, parece mucho pedir. En España resulta gratis injuriar a jueces concretos, al CGPJ y al Rey, por ejemplo, y, en esta ocasión al pueblo soberano. ¿Dónde está la fiscalía?
La comparecencia tuvo otras cosas: uso de lugares comunes, ambigüedades y evasivas -en torno a 40-; más concretamente, “no me consta”, lo usó 18 veces; “no recuerdo”, 6; “no lo sé”, 11; “no tengo constancia”, 7.
Fue llamativa la respuesta que dio respecto a su relación con Koldo García, “absolutamente anecdótica”, teniendo en cuenta que entre los meses de marzo y mayo del año 2017 convivieron -junto con Cerdán y Ábalos- en el Peugeot 407, en un recorrido por toda España para hacer la campaña de las primarias.
Añádase que Koldo fue el guardián depositario de los avales, durante las horas previas a su entrega en la sede del PSOE. ¿Desagradecido, desmemoriado, mentiroso, despreciativo?
Otra fase para el recuerdo fue “los españoles ya no creen sus mentiras”. Ojo, no la pronunció ningún senador interpelante, sino Sánchez respondiendo al senador del PP Alejo Miranda de Larra. Hace falta tener cuajo y cinismo para semejante afirmación, por parte de quien mintió -cambió de opinión, según sus pretorianos- respecto a la corrupción, delito de rebelión, indultos, amnistía, visita de la vicepresidenta venezolana, Bildu, Podemos,… y continúe cada uno añadiendo las que recuerde.
En psicología, la acción de atribuir a los demás los defectos, impulsos o sentimientos que uno mismo tiene y no acepta, se denomina proyección o mecanismo de defensa por proyección. Ésta es la actitud habitual del señor Sánchez.
Con el diccionario de la RAE en la mano, quien adopta esa postura, recibe el nombre de: embustero, enredador, falsario, fulero, farsante, falaz, …
Para su coro más cercano: al que cambia con frecuencia de opinión, se le califica de voluble, inestable, caprichoso, mudable o veleidoso; los italianos dirían que es como “piuma al vento”.


El comentario es totalmente oportuno y refleja la situación que los españoles estamos soportando , un saludo