Los números representan una cantidad y permiten medir, contar y comparar diferentes magnitudes. La representación de la cantidad que reflejan, salvo errores en el cómputo, es absolutamente objetiva.
Cuando aplicamos los signos numéricos, sobre todo para comparar, es cuando pueden surgir las divergencias de interpretación y opinión sobre la las conclusiones que se obtienen.
Naturalmente, también pueden utilizarse de forma torcida, pero no solos, sino siempre refiriéndonos a aquello que queremos medir o con lo que deseamos comparar.
Las migraciones han sido una constante a lo largo de la historia, por sucesos como desastres naturales, guerras, persecuciones, hambre… hechos a los que hoy se añade un crecimiento constante de la población precisamente en los países migrantes, circunstancia que colabora decisivamente en el agravamiento del fenómeno.
A su vez, los países a los que acuden los migrantes en busca de unas mejores condiciones de vida, se niegan a compartir su bienestar -o renunciar a una parte de él-, con olvido de que sus tasas de natalidad son decrecientes y necesitan mano de obra de la que no disponen.
Ni las barreras ni la permisividad desordenada son solución a un problema de ámbito mundial, porque la realidad tozuda del hambre y otras necesidades se impone irremediablemente. Entran y son abandonados a su suerte por las autoridades, no pueden trabajar, carecen de recursos, no se facilita la integración y viven marginados.
No es un problema ideológico, no es un asunto exclusivamente de España y las consecuencias son idénticas en cualquier lugar de recepción: muchos de ellos quedan abocados a la delincuencia en cualquiera de sus numerosas formas.
El Gobierno de España y la mayoría de los partidos que le apoyan, se niegan a calificarles como inmigrantes ilegales, pese a que violan la legislación vigente al entrar por una frontera de la UE -sea por Canarias o por cualquier otro lugar- sin la documentación exigida. La excusa de un hipócrita sentido humanitario, no se sostiene, dado el olvido en que caen, después de rescatarles y darles una manta.
También se niegan a aceptar la vinculación entre inmigración y delincuencia -naturalmente, de una parte de la inmigración- basándose en que esa actitud genera odio.
Y a partir de aquí: los supuestamente humanitarios y negacionistas de la posible relación entre inmigración y delincuencia, califican a todos los demás de ultraderecha tramontana, insolidarios, racistas, xenófobos y algunas cosas más.
Nada mejor que unos sencillos números procedentes del Ministerio del Interior. El número de reclusos a 31 de diciembre de 2024 era de 59.200, de los cuales 18.500 eran extranjeros (27% marroquíes, 11% colombianos, 8% rumanos, 7% argelinos, …). Esa misma información a 31 de diciembre de 2018 era de 46.900 reclusos totales, de los cuales 12.800, eran extranjeros (29% marroquíes, 9% colombianos, 7% rumanos…)
Resumen: a finales del año 2024, 1 de cada 3 reclusos era extranjero y a finales del año 2018 la proporción era 1 de cada 4.
A 31 de diciembre del año 2024 había 285 reclusos extranjeros por cada 100.000 extranjeros residentes en España y en el 2018, 272.
Los números no admiten discusión: los reclusos extranjeros han aumentado en los 6 últimos años en un 44%. ¿Por qué? Quienes gobiernan y la oposición tendrán que analizar las causas sin introducir ideología, con el fin de frenar, con objetividad y sentido común, la inmigración y sus consecuencias negativas. @mundiario
Otra consideración. Los números con los que sacamos determinadas conclusiones, deben proceder de estadísticas elaboradas por instituciones dignas de credibilidad y no de meras estimaciones basadas en supuestas encuestas encargadas por quien desea usarlas con un interés concreto.


Importante información que desmonta las habladurías interesadas.
Gracias