Damos un escaso valor al silencio, en una sociedad de ruidos e imágenes
26 diciembre 2025
Mundiario
La idea de Isabel Allende de que “La vida es un ruido entre dos silencios insondables, antes de nacer y tras la muerte”, es una afirmación retórica, poética, exagerada. Lo mismo podría decirse de un pasaje de la canción Enjoy the silence -Martin Gore-Depeche Mode: “Las palabras son muy innecesarias, porque, a veces producen dolor cuando rompen el silencio.”
Descendiendo a lo real, el lenguaje del silencio, aceptemos la aparente paradoja, es básico en la comunicación y en la vida íntima, personal. Podríamos empezar afirmando que hay dos grandes ámbitos de silencio: silencio social, o en sociedad, y silencio personalísimo, introspectivo,
El silencio entre dos palabras o ideas, frecuente en las relaciones interpersonales, puede ser de una gran elocuencia, expresiva de hipocresía, cobardía, incapacidad para admitir la verdad, tomarse tiempo para la reflexión propia o del interlocutor, cortesía o descortesía, prudencia del callar y saber esperar, desprecio, complicidad, actitud anodina, …
Hechos recientes en el terreno de la política confirman el valor del silencio ante preguntas incómodas; si añadimos la gestualidad, las conclusiones pueden ser más concluyentes.
También podríamos hablar del silencio social ante situaciones injustas que no se denuncian por desidia, egoísmo o por el recurrente “yo no puedo hacer nada”, desgraciadamente, muy frecuente.
Encontramos una de las muchas incoherencias del mundo de hoy: un mundo lleno de ruidos e imágenes, de una parte, y, por otro lado una tendencia creciente al aislamiento personal y a la pérdida de importancia de las conversaciones presenciales, sustituidas por textos jibarizados y contactos virtuales. ¿Caminamos hacia una era silenciosa, en el sentido más negativo del silencio?
Hablemos ahora del terreno más íntimo, el silencio compartido entre dos personas, que puede ser sumamente positivo y enriquecedor, mediante una simple mirada o una sonrisa interrumpiendo una lectura, compartiendo una misma tarea o el mero paso del tiempo, la quietud… Cuando el estado de placidez y complicidad son elevados, no es infrecuente llegar a la adivinación: “yo pensaba lo mismo”. El lenguaje invisible del silencio en la pareja, consciente del valor de callar en ocasiones, sólo se aprende a través de la convivencia.
Pero también el silencio puede ser opresor en las relaciones bilaterales: como una losa; una puerta que no se quiere abrir porque, tal vez, no hay nada que decirse; también se puede convertir en una excusa para no escuchar y para evitar llenar un hueco que no se desea llenar.
En el plano personal, es la herramienta imprescindible para introducirse en la reflexión con en nuestra sola compañía. El silencio es luz que ilumina el camino hacia la verdad, aclara las ideas, esclarece los errores, ordena nuestro interior, permite escucharnos con sinceridad y sin ideas preconcebidas: el silencio no es vacío u omisión, sino profundidad.
También existe el silencio oprimente, derivado de la soledad no deseada, tan habitual en la individualista sociedad actual, que puede conducir a la angustia. En otras ocasiones huimos del silencio porque creemos que es la mejor forma de evadirnos de frustraciones, angustias, desencuentros. Y nos rodeamos de ruidos y de gentes para practicar la falsa inútil terapia de la soledad en compañía.
En la esfera espiritual, el silencio es fundamental. El cardenal Robert Sarah, en La fuerza del silencio, hace una profunda reflexión sobre este estado, útil para cualquier ser humano. La frase: “La soledad y el silencio son huéspedes del alma. El alma que los posee los lleva consigo a todas partes. Quien carece de ellos no los encuentra en ningún sitio” es de un enorme realismo y puede ser un buen comienzo para la práctica del silencio. @mundiario
Alfonso García
Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.
Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.
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