La prohibición de una celebración religiosa musulmana en un recinto deportivo por parte del Ayuntamiento de Jumilla, los lamentables sucesos de Torre Pacheco y otros actos delictivos y de enfrentamiento relacionados con inmigrantes, han creado un intenso debate durante el tradicionalmente tranquilo mes de agosto.
La Conferencia Episcopal reaccionó de forma inmediata, manifestando que se unía “… a la postura de la Comisión Islámica Española, puesto que las manifestaciones públicas religiosas están amparadas por la Constitución.”
Vox, una vez más, ha tirado la caña por si puede pescar en un asunto claramente resuelto en la Constitución:“…se garantiza…la libertad religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley” (Art. 16.1)
Abascal ha atacado a la Iglesia con argumentos torticeros, mezquinos, deleznables -y que cada uno añada sus propios adjetivos:“No sé si su posición es por los ingresos públicos que reciben o por los casos de pederastia”.
¿Olvidan Vox, sus afiliados y votantes que en el artículo 1º de sus estatutos se contempla “el respeto a la Constitución”?¿Qué postura adoptarán sus numerosos afiliados católicos – en torno a un 75 %, entre practicantes y no practicantes-, en relación con la ofensa proferida contra la Iglesia? ¿Le consienten todo a Abascal?
La inmigración se está utilizando como un arma contra el adversario político, cuando se trata de algo concerniente a Europa, que debe resolverse con sentido común y dejando a un lado la ideología, en aras de la eficacia.
Numerosos cargos del PP, electos y no electos, se desentienden de las directrices del partido, cuando se trata de mantener la silla, como ha sucedido en Jumilla con el acuerdo con VOX. Desde Madrid deberían tomar medidas contra los que se apartan de las directrices nacionales. Por otra parte, tendrían que explicar con determinación su postura real, posible, sobre la inmigración, para evitar que los versos sueltos improvisen según sus intereses personales.
Europa se asentó y desarrolló durante siglos sobre las bases de la cultura judeo cristiana, parte indisoluble de su identidad. El carisma cristiano de la fraternidad -solidaridad o humanitarismo, lo llamarán otros- no está en oposición con propugnar una llegada ordenada de inmigrantes y exigirles respeto a la legislación del país de acogida.
Los que piden orden en la llegada y respeto a las leyes, no son menos fraternales, solidarios o humanitarios, que quienes consienten la llegada masiva, les abandonan a su suerte y mantienen una legislación que les impide trabajar.
Los que piden orden y respeto a las leyes no son ni ultras, ni racistas, ni fachas, ni extremistas ni radicales.
Las fronteras de España son las fronteras de la UE y el Frontex tiene como misión la vigilancia y defensa de las fronteras de la UE y de los países del Área Schengen. ¿Por qué España no pide formalmente su intervención?
Naturalmente, para paliar los movimientos migratorios masivos es necesaria también una acción de cooperación internacional, directa, eficaz y controlada, con los países de origen. Obviamente, esos planes de desarrollo exigen elevadas inversiones por parte de la comunidad internacional, pero nadie renuncia a vivir menos bien para que otros vivan un poco menos mal. Una más de las muchas incoherencias de la civilización actual. ¿Esto es progresismo? @mundiario


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