El día 11 de septiembre del pasado año MUNDIARIO publicaba mi artículo Galgos o podencos sobre el contenido del pacto suscrito entre PSOE y ERC para la investidura de Salvador Illa.
Recuerdo algunos de los acuerdos más llamativos:
-Avance hacia la plena soberanía fiscal.
-La gestión, recaudación, liquidación e inspección de todos los impuestos soportados en Cataluña, corresponden a la Agencia Tributaria de Cataluña.
-Un nuevo paradigma basado en la bilateralidad, la singularidad y el federalismo fiscal.
-Capacidad normativa en materia fiscal.
-El federalismo fiscal es la herramienta previa para alcanza el objetivo de una república federal.
Pese a que el plazo previsto para su puesta en marcha finalizaba el 30 de junio, según el texto del acuerdo, Junqueras, contemporizador ante la debilidad del PSOE, consideró razonable ampliar el plazo un par de semanas.
Se ha anunciado la plena cesión del IRPF para comenzar el proceso, conocido desde hace casi un año.
El sistema rompería el principio de igualdad entre las personas y los territorios, proclamado en la Constitución; el principio de solidaridad quedaría hecho añicos; sería el comienzo de un proceso conducente a una república federal -cuando, en todo caso, sería el federalismo quien debería dar lugar a la autonomía fiscal- y, técnicamente, según ha declarado la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado, sería inviable su entrada en vigor el 1 de enero del año 2026.
¿Qué sucedería si el resto de comunidades autónomas aceptaran un sistema igual al pretendido por Cataluña? La caja del Estado carecería de ingresos con los que atender gastos como los de defensa, seguridad y orden público; representaciones diplomáticas; servicio de la deuda pública en vigor -intereses y amortización-; sistema judicial; pensiones no contributivas; estructura del gobierno central; gestión del sistema de pensiones; carreteras y comunicaciones; medio ambiente y tantos otros.
O el Estado crea un nuevo impuesto para atender esos gastos comunes o el concepto de Estado, como lo entiende la Constitución de 1978, desaparecería de hecho.
Pero, tal vez, la razón fundamental para que ese supuesto e imaginario estado de igualdad entre todas las comunidades autónomas resultara imposible, sería la negativa de los partidos independentistas catalanes, que no consentirían ser tratados igual que el resto as, porque ellos se consideran en un nivel superior.
Añadamos que ERC asumiría el papel de conseguidor de la autonomía fiscal, situación que dejaría a Junts y a Puigdemot en un segundo plano, algo que no aceptarían por su afán de protagonismo soberanista.
La posibilidad de que este paso hacia el federalismo no se produzca, estribaría en que la ley correspondiente, cuando sea discutida en el Congreso, perdiera el apoyo de algunos partidos del bloque de investidura. ¿Sería posible? Los indicios de Sumar, Podemos y Compromís apuntan al “bla,bla,bla” y a mantenerse quietos como “tancredos”.
Podría haber una segunda posibilidad, la caída de Sánchez, si los procesos judiciales iniciados avanzan en el esclarecimiento de los escándalos destapados y de los nuevos que vayan desvelándose al final del verano.
Si el bloque de investidura se mantiene y llegara a aprobarse el llamado cupo catalán, habría que pensar que el siguiente paso sería la preparación de una consulta o referéndum en Cataluña para decidir sobre su soberanía.


Que clarito lo ves y lo plasmas . Ojalá que la segunda posibilidad sea la de verdad, aunque con todas las modificaciones que pretenden, conseguirían la inmunidad para todos :estos».
Dios te oiga.