Circula por las redes sociales un vídeo de YouTube, que intento resumir. En la imagen fija aparecen Antonio Banderas y otra persona; al fondo, un paraninfo con público. Al pinchar para verlo, la imagen permanece fija y una voz de fondo traduce al español la lección magistral, dice, del eminente historiador Jonatham Whithmore, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Harvard, sobre “La caída de los imperios europeos”.
Asisten al acto, sigue diciendo el narrador invisible, profesores de otras ramas, doctores, alumnos de doctorado, y, en un discreto lugar, Antonio Banderas, sí, sí, el actor español.
En ningún momento se oye la voz del profesor ni la de Banderas, tan sólo la traducción de una sarta de indignidades sobre España, mentiras históricas y términos despreciativos del conferenciante.
Banderas, sigue narrando la voz, se levanta de su asiento y se dirige con elegancia y parsimonia al estrado desde el que habla Jonnathan Whitmore, le pide permiso para subir y desde allí “pronuncia” una lección de historia de España en la que habla de Aberroes, Colón, Santo Tomás de Aquino, Cervantes, la cultura española en América, etc.
Llamó mi atención la erudición de Banderas e investigué sobre el hecho. No hay en la Universidad de Harvard ningún catedrático con ese nombre -sí un profesor de física en otra universidad americana- y Banderas no podía estar presente, porque el acto no tuvo lugar.
Seguí hurgando en internet y encontré en YouTube otros dos vídeos con un contenido muy similar: Banderas paladín de la cultura española; en esta ocasión, los supuestos lenguaraces que hablaban de España despectivamente – la paella, la siesta, el flamenco, la irrelevancia del Quijote, nuestras pretensiones culturales… el presentador americano de televisión Stephen Colbert y la supuesta presentadora de televisión de Reino Unido Yessica Hamilton. “Creatividad se le llama a esto”.
En los comentarios de los vídeos, algunos se deshacen en elogios al actor, por su conocimiento de la historia de España, su españolidad, su elegancia dialéctica y por dejar en evidencia los falsos conocimientos sobre nuestro país, de un eminente profesor de Harvard.
La patraña es evidente, porque la corrección de nuestro actor no se cohonesta con la abrupta interrupción de una conferencia en el paraninfo de una Universidad.
YouTube, no dice expresamente que los contenidos sean ficticios, pero sí lo insinúa al decir que son para la imaginación y el entretenimiento, y añade: “contenido alterado o sintético”.
En Google he visto en varias ocasiones cómo se utilizan el nombre y la imagen de un prestigioso cirujano y de un conocidísimo empresario, ambos españoles, para desacreditar un medicamento y publicitar un “gran negocio”, respectivamente.
Valoro y defiendo la IA, pero ¿a dónde vamos? ¿Se habrán cansado los personajes utilizados y manipulados de presentar demandas o es que no se han enterado? ¿Son los llamados “creadores de contenido” que salen frecuentemente en los medios de comunicación y viven de manipulaciones, medias verdades y mentiras, los que usan indecentemente la inteligencia artificial?
Es muy frecuente dar credibilidad a videos o noticias de contenido muy diverso sin reflexionar sobre su origen y credibilidad; y, más grave aún, colaborar torpe, negligente e irresponsablemente en su difusión; pero no nos resistimos a creer que somos los primeros en saber y compartir. @mundiario


Envío esta respuesta como apoyo empático a su labor de vigilancia sobre los bulos y patrañas que esta nueva sociedad nos quiere colocar, aunque sea con la mejor intención, pero aprovechando el laborioso caminar de algunos esforzados trabajadores. Los que. como yo, tenemos cierta pasión por la tierra que nos vio nacer, recibimos con cierta emoción estos pseudo relatos, pero creo que no hay que menospreciar a nadie basándonos en, sabe Dios que intenciones ocultas acompañan, ni aprovechar la imagen de alguien apreciado por la mayoría.
Le agradezco esta clase de «diplomacia» natural y le animo a que tenga fuerza suficiente para seguir sembrando la cordura en este mundo en el las redes sociales (por ejemplo) se han erigido como libros de texto para cualquier mente inmadura que eche mano de ellos. con todos mis respetos para quienes los utilicen adecuadamente.
Un saludo