En la hipócrita sociedad actual, cuando se percibe algo que no resulta correcto -oportuno, legal, decente, honrado, moral, ético, íntegro… es habitual mirar para otro lado y, si es necesario, oprimir la nariz con los dedos para no percibir el olor. Los más prácticos imitan a los monos sabios chinos y cierran los ojos, se tapan los oídos y no hablan.
Quienes así se comportan, creen que esta es la forma de eludir un problema y continuar fingiendo que vivimos en un mundo perfecto y feliz, bajo el arco iris, pajarillos trinando y rumorosos arroyos, incluidos.
Otra forma de reaccionar es con el ataque, para desmentir: mentiras, chismes, maldades, recortes de prensa, bulos, persecución de la oprobiosa ultraderecha, negativas rotundas…
Cuando avanzan los rumores, o alguien decide destapar o recordar determinados sucesos, los comentarios habituales suelen ser: en ciertos corrillos se sabía, la cosa viene de largo, había sospechas…
Y, casi siempre, los que más sabían eran los más cercanos al protagonista, pues son quienes mejor conocen la vida y milagros de amigos, familiares, correligionarios, colegas, compañeros de partido, aventura o lo que sea.
Ante lo ya inevitable y desvelados, se prodigan expresiones como “le tenía por un buen compañero”, “existen protocolos para estas cosas”, “hay que denunciar”… ¡El colmo de la farsa, quienes sabían y callaban dicen que hay que denunciar!
¿Por qué miramos para otro lado? Para evitar la incomodidad de un conflicto, el fracaso, sentirse señalado, perder un determinado estatus, … Esta solución estéril, infantil y hasta estúpida queda definida con el dicho popular: “Esconder la cabeza bajo el ala, como el avestruz” o practicar la huida hacia adelante.
Las andanzas del Emérito, cuando no lo era, se comentaban por lo bajini en los mentideros madrileños, e, incluso se reían sus aventuras, propias de una persona campechana: al fin y al cabo es un Borbón, se decía.
Los negocios de la familia política de Sánchez eran conocidos y localizados sus centros de relax desde hace muchos años, pero se callaba, no hay más que buscar en internet. Y podemos añadir los comentarios sobre casos Noos, Jaime Matas, ERE y otros no judicializados, sin olvidar los más próximos en el ámbito familiar y de la amistad.
Así ha sucedido en algunos de los acosos sexuales practicados, presuntamente, por Errejón y Salazar, entre otros. Tras el silencio cómplice, señalan a las que los sufrieron y no denunciaron; insisten en el argumento endeble y poco solidario de que los “protocolos” -ahora todo está sometido a protocolos- no funcionaron o no se utilizaron; surgen voces que manifiestan que era un secreto a voces que fulanito era un baboso…
Eso sí, quienes miran para otro lado en estos asuntos sicalípticos, defienden una peculiar forma de feminismo y de igualdad, al tiempo que se convierten en paladines de la abolición de la prostitución, sin que se les caiga la cara de vergüenza.
Desde la ingenuidad, es legítimo preguntarse, en cuanto a la supuesta traición del trío del Peugeot: ¿El séquito numeroso y habitual de esta gente, sus colegas de partido y de gobierno, no sabían nada de sus orgías, su nivel de vida, las visitas que realizaban, sus signos externos, a qué dedicaban el tiempo libre, sus amistades? Claro, formaba parte de su intimidad y tenían que respetarla.
Tal vez, los calificativos de sepulcros blanqueados y fariseos les parezca a algunos cosas de “meapilas”, por lo tanto, no los usaré para referirme a toda esta panda que mira para otro lado, para no oír, no ver y no hablar. Afortunadamente el diccionario español es de una enorme riqueza: hipócrita, falso, farsante, mentiroso, embustero, falsario, agazapado, faruscas, testimoniero, guatusero, gañín…@mundiario


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