El trilero incita al público espectador mediante una hábil verborrea, ingenio y capacidad para concitar la atención. La habilidad de sus manos es comparable a su carencia de principios y escrúpulos morales, y su objetivo es ganar las apuestas mediante el engaño.
Es proverbial su instinto para captar a sus víctimas, porque conoce sus debilidades: codicia, cierta ingenuidad y hasta necesidad en muchos casos. Un complemento fundamental es la selección de la zona de trabajo y del momento.
Sabe mantenerse imperturbable si las circunstancias del lance son adversas en algún momento.
Carece de empatía con sus víctimas, a las que desprecia por su simpleza y ambición.
Es un maestro en las maniobras de distracción del público, que mira al vaso en el que parece estar la bola cuando esta ya ha cambiado de lugar.
Necesita un equipo: los ganchos o paleros, cómplices del engaño, aparentes jugadores que, con sus aciertos, estimulan a los espectadores a hacer sus apuestas. Obviamente, de tal palo, tal astilla, y su falta de escrúpulos es comparable a la del trilero.
Cambia de opinión, no miente y, como el trilero, cambia la bola de vaso de forma reiterada. Usa una verborrea agresiva, de enfrentamiento, plagada de eufemismos con los que pretende, y en muchos casos consigue, ocultar la realidad a algunos incautos.
Gratifica a sus ganchos, con frecuencia mediante una patada hacia arriba, para que muestren su agradecimiento y para distanciarlos cuando ya no son útiles.
Empieza diciendo «no» y acaba diciendo «sí», y tiene la osadía de preguntar: «¿Dónde están los que decían “no”, como yo?».
No habrá más…, no pactaré con…, trabajaré para…, haré…; y hubo, pactó…
Lo diré más claramente:
-Sr. Rajoy, sin presupuestos, convoque elecciones… Yo lo hago a la cuarta falta… porque me conviene.
-La invasión de Ceuta ha sido menos grave que el «insulto» proferido por Milei a Begoña Gómez: en el primer caso, ni se llamó a la embajadora de Marruecos para pedirle explicaciones; en el segundo, se retiró al embajador español. ¡Cosas del amor!
-Ha pretendido desvirtuar la llamada «ley de nietos» con una instrucción firmada por la directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública para ampliar el censo a su conveniencia.
-Quiere que el Parlamento se parezca a la calle, que es como poner en duda lo que salga de la soberanía popular. La calle es suya.
-Está claro que se siente cómodo convalidando decretos-ley en la Diputación Permanente del Congreso, porque tiene mayoría sin necesidad de contar con Junts. Aprobará el primer decreto sobre vivienda, la subida del salario mínimo y las pensiones… y lo que haga falta, porque estamos en precampaña electoral. El segundo decreto sobre vivienda no se aprobará porque el PNV ha dicho que votará no, «por coherencia» y, supongo, para intentar separarse de Bildu de cara a las elecciones. Esto permitirá a Sánchez decir en los mítines que la derecha española está en contra de las medidas progresistas.
-La bolita de la presencia de barcos de la Marina marroquí en aguas de Ceuta el día de la invasión ha sido una ocultación grave, aunque el coro del Gobierno y del PSOE repita como cacatúas que se trata de «un caso puntual».
Según parece, el trile se remonta al siglo III a. C., pero se sigue practicando. ¡Viva la progresía! @mundiario


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