La erudición de salón y el peligro de los sabelotodo de terraza

16 julio 2026

Mundiario

ace unos días dedicaba este espacio a las tertulias en radio y televisión; hoy lo dedicaré a las conversaciones de sobremesa, de amigos y familiares, especialmente frecuentes en verano, al amparo de la sombra de un chiringuito, tras un almuerzo o en las noches de canícula que invitan a retrasar la retirada.

De ellas forman parte especímenes humanos diversos. Un asistente clásico es el “cuñao”, que opina sin saber e interrumpe las conversaciones más solemnes con un chiste “que viene al caso”, según él.

No falta el cuñadísimo ilustrado, que siempre tiene un amigo que le informa de lo divino y de lo humano y se mueve en internet con facilidad, “información” que utiliza para demostrar que está bien informado  o para rebatir a otro “cuñadísimo”, al que no tiene mucha simpatía y sólo ve en la convivencia vacacional. Dos modelos a los que habría que recordar el proverbio “Del escuchar proviene la sabiduría y del hablar, el arrepentimiento.”

También encontramos al que frecuenta “la técnica del Pisuega”, es decir, quien aprovecha la más leve interrupción, duda del resto de tertulianos o una palabra sugerente, como ocasión para meter baza en la conversación y contar  una milonga de dudosa veracidad y oportunidad.

La conversación como monólogo, valga la paradoja. Hay quien convierte una tertulia de amigos -que debe ser, como dicen en el fútbol, un rondó- en un juego de frontón: saca, devuelve… pero siempre el mismo.

Los hay que no saben estar callados: se agobian ante el silencio en una tertulia -está pasando un ángel, se solía decir ante estas situaciones cuando yo era niño-, y consideran obligado romper una situación que consideran incómoda.

Hoy, en toda discusión, hay un experto en IA, que consulta al oráculo de internet para que aclare dudas, noticias o un hecho intrascendente.

No siempre hay alguien que, él mismo se cree erudito; una erudición basada en la acumulación memorística de cuanto ha leído, estudiado o escuchado a lo largo de su vida.

Generalmente habla en tono pausado, con seguridad, como quien está meditando cada una de las palabras que pronuncia. Sus discursos suelen tener objetivos diversos: el primero escucharse ellos mismos; el segundo epatar a quienes le oyen e, incluso, no es infrecuente, que pretendan menospreciar finamente la opinión de un tercero. Tal vez Robert Schuller pensaba en ellos cuando dijo “Los grandes egos tienen oídos pequeños”.

El verdaderamente conocedor de lo que habla, simplifica; el erudito de salón usa un discurso complejo porque cree que de ese modo deslumbra y, además, da ocasión a que le pregunten.

El diccionario español contempla sinónimos como petulante, fatuo, afectado, arrogante, engreído, sabelotodo o erudito a la violeta -título de la obra sobre este tema, de José Cadalso.

Yo los llamo tertulianos de salón o eruditos de florete -el florete sirve para hacer piruetas y lucirse-, porque sus conocimientos, las más de las veces, no tienen otra función que llenar hueco en conversaciones de sociedad, agotar turno en tertulias de gente docta y estar a la altura del resto… pero carecen de sentido práctico.

Saber escuchar es una virtud que implica respeto y que no siempre estamos dispuestos a practicar.

¡Ah, me olvidaba! ¿Qué clase de tertuliano será quien esto escribe? @mundiario

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.

Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.

Alfonso García

Alfonso García

Dedico mi tiempo libre a escribir artículos de opinión en El Correo Gallego y en Mundiario.com, y monografías sobre temas diversos. Actualmente corrijo y amplío mi último libro, “Algunos abuelos de la democracia (Iglesias, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Rivera)”, con semblanzas de “otros abuelos” de políticos de hoy, como los de Aznar, Casado, Maíllo y Lastra, entre otros. También actualizo museofinanciero.com, un museo virtual de documentos antiguos relacionados con el sistema financiero español y el ferrocarril. Gracias por tu visita.

Alfonso García López (Madrid, 1942), jubilado como notario y escritor.

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