as elecciones autonómicas celebradas este año, deberían servir a PP y Vox como test preparatorio para las ya más cercanas elecciones generales.
Entre ambos han obtenido, desde un mínimo en Aragón del 45,50% de votos, hasta el máximo del 60,1% en Extremadura. La media de votos en los cuatro comicios ha sido del 54% y el número total de votantes más de 6.800.000.
Hay que añadir que se ha superado el 60% de participación en las cuatro elecciones, con aumento respecto a las anteriores y por encima de la participación histórica media en unas elecciones autonómicas. El pueblo quería hablar y hablo claro.
Los votantes han ido confirmando sucesivamente su apuesta por un gobierno PP-Vox, por lo que están predestinados a entenderse, con olvido de intereses partidistas y enfrentamientos anteriores.
Este supuesto ensayo general parece haber encontrado el buen camino, con los acuerdos de Extremadura, Aragón y Castilla-León. Sería deseable que Andalucía no se enrocara en unos resultados buenos, pero que no son la mayoría absoluta; el mejor acuerdo será el que no deje plenamente satisfecha a ninguna de las dos partes y, ambas, en aras del realismo, acepten que lo mejor es enemigo de lo bueno y que el futuro de España está a la vuelta de la esquina.
El PP actuará como moderador de determinadas posiciones maximalistas de Vox, que, sociológicamente, sería posible implantar o modificar.
Vox debería ser el necesario acicatee para que el PP se deshaga de complejos, dudas y temores y afronte decididamente reformas imprescindibles.
Los acuerdos autonómicos deberían marcar la pauta para el futuro, sobre las bases del realismo, la transigencia recíproca, el sentido común y el olvido de las descalificaciones, porque el verdadero adversario del PP no es Vox y viceversa.
Da la impresión de que algunos dirigentes lo han empezado a entender, pero aún tendrán que convencer a los extremistas y a los incontinentes verbales de uno y otro partido.
¿Y del otro lado? Se terminó la búsqueda de votos por la vía del miedo a la derechona ultra y facha que pretende acabar con los derechos de los españoles y llevarnos a las cavernas. El cuento de Pedro y el lobo ya no da más de sí. Los que gobiernen tendrán que hacerlo con respeto a la Ley y afrontar los cambios de una nueva mayoría, porque son tan democráticos como los partidos que actualmente forman Gobierno y los que le apoyan en Las Cortes.
Deberían recordar que el deslizamiento hacia la derecha es un fenómeno mundial desde el año 2022 y preguntarse con propósito de autocrítica, por qué se viene produciendo ese cambio.
Tal vez no estén dispuestos a admitir que el deslizamiento a la derecha se debe a la ineficacia de las herramientas utilizadas por la izquierda para hacer frente a los grandes retos del siglo XXI. Por otra parte, en democracia se impone la mayoría, entendida ésta como la capacidad para lograr acuerdos en función de afinidades, como argumentaron en las últimas elecciones generales.
¡Que nadie se rasgue las vestiduras! Los cambios los deciden los votantes, es su derecho cada cuatro años. @mundiario


Muy bueno como siempre.
No te canses de escribir.
Feliz verano